DE COMUNIDADES EVANGELIZADAS A EVANGELIZADORAS

 

José Valdavida L.
06-03-2016
Domingo Laetare

 

Seguir ofreciendo agua, mientras rehacemos las cañerías

     Es una observación acertada, que pudiera ser parábola.

            Como la idea – feliz idea – no es mía, asumo la gozosa obligación, y quiero dejar constancia de propiedad intelectual a favor de D. Adolfo Suárez. Seguro, que él no se negaría a que la usemos como parábola. Citarla aquí, es un servicio a cuantos, en la tarea de adaptar la pastoral a los nuevos horizontes, nos afanamos por compaginar la doble tarea: Mirar y preparar “las cañerías”, que necesitarán unas comunidades nuevas, que preparan su futuro, y hacerlo sin que el trabajo nos impida atender el servicio del agua de vida, que viene de la Palabra y de la Eucaristía, y poder ofrecerla a quienes, o no ven ese futuro, o sólo quieren verlo, sin implicarse de modo activo en la tarea de diseñar, y menos todavía, de preparar ese futuro.

     La metáfora, y la posible parábola, encierran un toque de atención a la tensión que ello implica. Quiera Dios, que esa tensión no se intente resolver con improvisaciones, con prisas y urgencias nerviosas, que son la antítesis de la obra de Dios, que bendice a su Pueblo con la Paz. (Salmo 28, 11)

Agradecido a las respuestas, invito a comenzar el diálogo

            Por la rapidez con que habéis respondido, por la extensión de algunas respuestas, por la riqueza de ideas y enfoques, por el aliento que todas traen. Aspectos que son otros tantos motivos para el diálogo, y para hacerlo sin perder tiempo.

     Hoy, ofreciendo un servicio de claridad acerca de la iniciativa. Es lo primero que he visto necesario. Ayudar a que tengamos claro lo que dice el titular: “De comunidades evangelizadas a evangelizadoras”.

    Diálogo. O lo que es lo mismo, preguntas, o mejor, interrogantes. Sin prisa por querer dar respuesta inmediata. Serán como llamada al trabajo sereno. Dejaremos constancia de la luz que necesitamos, a la espera del momento para seguir con cada uno de los temas.

Aclarar la iniciativa

     Y, para aclarar, pocas cosas más convenientes que una, que, además, puede ser muy breve: Decir lo que ni es, ni queremos que llegue a ser esta iniciativa.

    No pretende crear nada que pueda parecer una alternativa a realidades eclesiales que legítimamente existen. Ni una asociación o movimiento, ni algo que se le parezca.

  No se va a meter en la vida propia de diócesis, de parroquias, de comunidades de vida consagrada, de asociaciones o movimientos. Respeto total, y agradecimiento a todo cuanto es fruto de la riqueza de dones del Espíritu.

   No se trata de pedir a nadie que vaya “por el camino que vosotros tenéis”, aunque tú, como valoración de la iniciativa, afirmes que crees “que no hay otro” camino.

   La razón común a estos tres “No” está en la comunión, que invocamos como base. La comunión, por definición, no admite ser cuña de la propia madera.

        A)     Situados con serena responsabilidad en nuestro momento en la Historia

    Ni plañideras, ni nostálgicos del pasado.

   Creyentes de nuestro tiempo, y para el futuro de fe de esta cultura nueva, que estamos viviendo, creando y, no pocas veces, padeciendo.

  1. Estamos en un cambio de época

   No es algo único; lo que hoy vemos de manera muy acentuada, forma parte de una historia, que es dinámica, que ha ido cambiando, madurando, buscando la plenitud.

     Con serenidad, con responsabilidad, buscar nuestra misión en este tiempo.

  1. Mirando esta historia, este cambio de época, desde nuestra fe

   Sabemos por la fe que Cristo es Señor de la Historia. Esta es una verdad eje para todo cuanto digamos. No la traigo como patente de derecho a la siesta. La invoco como garantía para un trabajo en esperanza.

   Esta mirada a los cambios la haremos desde dentro de la Historia de Salvación, admitiendo los esfuerzos, sin ocultar las que han sido negativas o insuficientes, y aprendiendo de las respuestas que han abierto caminos nuevos.

   A modo de cronista de los cambios, dejar constancia de ellos, contemplando el Pantocrator, sabiendo que nadie le puede arrebatar el libro de la vida. Ha sido, es y será Señor de la Historia, Alfa y Omega.

  Este cronicón de los cambios quiero que culmine con una mirada al gran cambio, a la oferta y propuesta unánime, profética, elaborada bajo la dirección del Señor de la Historia, como mensaje para su Iglesia, que supo situarse la Iglesia de la comunión. Me refiero al Concilio Vaticano II, junto con el Magisterio que lo ha seguido.

Si no damos este paso desde la visión dinámica, propia de la fe, quedaremos atrapados en un historicismo vacío.

  1. Un trabajo en esperanza, viendo las nuevas y muy grandes posibilidades que en este momento se nos ofrecen, para andar el Camino revelado por Dios en Jesucristo, su Hijo encarnado, y andarlo con garbo nuevo.

    Ésta es como la actitud síntesis.

    Ser trabajadores. No sólo espectadores críticos.

   Ser trabajadores… en esperanza. Con los pies en la tierra firme que ofrece la esperanza; con la mirada segura en el mañana, que ya es hoy inaugurado por la exaltación de Jesucristo.

   Viendo dentro de nuestra cultura las nuevas y muy grandes posibilidades con las que podemos contar. Cito sólo algunas, sin entrar en detalles, porque no es el momento.

   En el novísimo campo de la comunicación

   El Papa S. Juan Pablo II, habló de los M. C. S. como de nuevo areópago. (R.M. 37)

  Cuando dice que tu comunidad sea “casa y escuela de la comunión”, sin duda quiere que en esa nueva casa haya una azotea, que abra horizontes nuevos.

  • ¿Hemos ensayado, nos atrevemos a asomarnos a las posibilidades que los m.c.s. ofrecen para hacer realidad el sueño humano de la co-presencia en tiempo real, de la unión más plena de los hombres entre sí en Cristo, en la Eucaristía?
  • ¿De dónde vienen los miedos, y a veces los frenos, a echar mano de ese regalo de las nuevas y nunca imaginadas posibilidades de este momento?

      En el campo de mejorar la situación de tantos desfavorecidos

  • ¿No será ésta la hora de pensar en una lectura completa de la conversión de Zaqueo? (Lc 19, 1-10)
  1. Un trabajo en esperanza que acentúe la necesaria comunión en la respuesta

   No sólo no hay derecho alguno a la siesta, a la pasividad, a la espera no se sabe a qué, sin que aparezca la esperanza, que es dinámica.

   Agradecidos, conocedores de la doctrina y las líneas pastorales

      Necesitamos emprender el trabajo de superar un estadio, demasiado largo, de insensibilidad, que no deja de ser injusta, no sólo hacia los grandes creyentes que hicieron el Concilio, sino injusta para con el mismo Señor de la Historia.

   No puedo pensar en esta iniciativa, sin aceptar el Concilio Vaticano II como hito puesto por Dios en medio de esta historia nuestra cambiante. Lo que digo del Concilio vale para el Magisterio de estos 50 años.

  El eje de esta iniciativa son los documentos postconciliares que señalan a los cristianos reunidos y actuando en sus comunidades como agentes de la nueva misión evangelizadora.

  1. Un trabajo en esperanza que proponga caminos, no sólo teorías

            Es bueno, es necesario actualizarnos en cuantas líneas doctrinales tenemos a mano. Pero tengo miedo a algo que reconozco y palpo: Un hastío descorazonado y descorazonador; una cierta insatisfacción, después de no pocos tiempos dedicados a escuchar reflexiones que, como característica, adolecen de no venir acompañadas de la vida.

            La muletilla, oída en comentarios entre pasillos… “Y esto, ¿cómo se hace?”, no creo que sea una forma evasiva de alejarse del foco de la cuestión, sino una petición justa de comenzar a intercambiar caminos, tentativas, no sólo teorías, que veo tan necesarias, como insuficientes.

   Creatividad … ¡maternal!

   Confiados en la creatividad que es innata al amor. Y, si Dios (Ver Is 49, 15) anuncia que su amor es más fuerte que el de una madre, desde esa metáfora – que inaugura el cantico segundo del Siervo del Señor – apela a la experiencia más cercana, la del amor de nuestra madre, para hablarnos de la creatividad innata al amor. Si de algo tenemos constancia, es de la capacidad creativa de una madre que se las ingenia, que saca fuerza de flaqueza, cuando se trata del amor a su hijo.

  • ¿Por qué no somos creativos y reducimos nuestro ministerio a que “siempre lo hemos hecho así”, cuando sabemos que ese “siempre” está reducido y recortado por muchos factores?
  • ¿Por qué nos escondemos en la trinchera de “hacemos los que nos piden”, lo que pudiera ser confesión de culpa, por no haberles dicho que pueden hacer, que deben buscar las fuerzas y pedirlas con humildad para hacer muchas más cosas?
  • ¿Por qué tantos miedos a la creatividad?
  • ¿Por qué en momento como los que vivimos, nuestros organigramas pastorales – si es que tenemos de verdad organigramas serios – por qué en ellos no hay un lugar, ni en línea ni en staff, para el gabinete de creatividad?

   Con el realismo de la fe que anuncia el amor, mirar a lo mucho que nos espera

   Presentar los misterios más esenciales de la fe cristiana como fruto del amor.

   Que Dios es amor. Que no es que una vez, casi por casualidad, va y resulta que nos amó, sino que lo suyo es amar. Como lo suyo es ser misericordia porque no es que un acto suyo sea de misericordia, sino su misericordia es tan eterna como su amor, porque amor, fidelidad y misericordia son eternas.

   Con el realismo de la fe hablemos de la fiesta

   Somos comunidades de la fiesta, de la alegría, de la alabanza

   El salmo 117 nos ayudará a ver esa cara completa de la Misericordia.

   El Nuevo Testamento, desde el “alégrate” a María, desde Juan que salta de alegría en el vientre de su madre, desde María que nos abre su corazón lleno de alegría, desde los ángeles que anuncian y cantan la Paz, o las bienaventuranzas – ocho anuncios de alegría en las situaciones más duras – o el mensaje de paz, que Él anuncia que nos deja, y con el que saluda una y otra vez después de la resurrección.

   Oigamos las llamadas reiteradas a las comunidades a estar alegres (Fil 4, 4ss)

   Comparemos con realismo la oferta que estamos contribuyendo a hacer.

   Comencemos a anunciar para nosotros – hablo como sacerdote – y para nuestras comunidades, una conversión a la fiesta.

   Escribo esto en el domingo 4º de Cuaresma. Laetare.

  Denunciemos que a la fiesta le pongamos el disfraz de la diversión nosotros – comunidad creyente con sus sacerdotes – que permitimos regalar, o vender, la publicidad y el reclamo de la celebración cristiana, que le es inherente la fiesta, y que permitamos que se convierta en cartel anunciador de la diversión, que de ninguna manera es la fiesta cristiana.

   No basta denunciar. Seamos creativos. Ofrezcamos lo que podemos y debemos ofrecer.

  • ¿Es malo preguntarnos por qué estamos fallando en cosas tan elementales, tan propias de la fe, tan necesarias para la vida, como es la fiesta?
  • ¿Qué dirán dentro de poco los niños, saturados de violencia, incapacitados para oír la sonrisa del perdón, el gozo del hermano perdido y encontrado?

   Con realismo, necesitamos comunidades del perdón

  • ¿Quién va a llevar ese mensaje imprescindible a la sociedad violenta, crispada, egoísta que estamos dejando que nos impongan?
  1. B)   Por aquí va la propuesta de esta iniciativa

   Con realismo atento a las novedades con las que contamos, iluminado con la luz nueva de la doctrina que mira a la vida, que llena de esperanza el túnel de las oscuridades, que crea la fiesta, y que nos pide intentos, ensayos serios para volver a evangelizar la cultura. Desde ese realismo tan rico presento, reducida a eslogan¸ la iniciativa: De comunidades evangelizadas a comunidades evangelizadoras.

   Pido leer bien lo que encierra el eslogan. De comunidades que sólo piensan en ser ellas evangelizadas, nos marcamos la meta nueva y distinta: lograr que sean ellas y comunitariamente las que evangelicen. Y aquí desentraña todo lo que de positivo de anuncio feliz lleva esa expresión.

   Porque aquí comienza la característica propia de la iniciativa.

  1. ¡Caminante! Sí. ¡Hay camino!

            Porque gritar lo contrario no es cristiano, aunque se cante con bellas imágenes y con ritmos acertados. Pero, no es cristiano.

        Iglesia privilegiada – El Concilio

   Somos Iglesia privilegiada en voces de profetas que señalan caminos. El Vaticano II, a diferencia de todos los anteriores, no tuvo un tema interno que le obligase a reunirse. La Iglesia asume la misión de Jesucristo, y puesta ante la historia, la ve moverse con una rapidez nueva. Avisa de la necesidad de prestar atención a los nuevos tiempos. Llama a evangelizar esa novedad, a llenarla de alegría, de esperanza. El pórtico de Gaudium et spes es una precisa síntesis de nuestra pastoral. (4 al 10)

  • ¿Vivimos así el gran regalo del Concilio?

   Podemos parar en la afirmación del número 4: Nuestro mundo “siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad”, o sea, que yo no hay nada que permita aislarnos, que vamos todos en la misma barca, que lo de todos afecta a todos. ¡Hace 50 años!

  • ¿No tenemos un reto sereno para re-hacer nuestras comunidades de manera que sean comunidades para su tiempo, sin viejos estilos de asilamientos, de egoísmos colectivos?

    Iglesia privilegiada – El Magisterio postconciliar

   Tenemos un Magisterio ordinario en estos 50 años últimos, que es único en la abundancia y la calidad de enseñanzas de cuatro grandes Papas, que han convocado 20 Sínodos, de ellos 10 Generales, y 8 por ámbitos culturales. Con temas candentes. Todos con una Exhortación postsinodal clarificadora.

  • ¿Sabemos que no hay sector que no tenga luz propia, reflexión a su medida?
  • ¿Qué saben nuestros cristianos de estas luces para hoy

    Y eso, sin entrar en el esfuerzo de nuestra C. E. E., que ha corrido en paralelo a los grandes esfuerzos de toda la Iglesia.

     Tenemos diagnóstico

   Una Iglesia realista hace el diagnóstico de su situación eclesial, que se ve frenada por cuatro síntomas, por cuatro carencias serias.

   Tres, los diagnostica el Papa Benedicto (Vísperas de los SS. Apóstoles Pedro y Pablo de 2010)

  • La crisis del sentido de la fe cristiana
  • La crisis de la pertenencia a la Iglesia
  • Una especie de ‘eclipse del sentido de Dios’.

   El cuarto síntoma lo presenta San Juan Pablo II. (E.E. 47)

  • La ignorancia religiosa de los cristianos europeos, o sea, de los nuestros

    Tenemos ¡el tratamiento!

   La misma Iglesia, que ve esa situación como un reto, se atreve a señalar el camino de salida. Lo hace, primero, en una llamada general; después, desciende a la realidad comunitaria de modo muy explícito. La llamada tiene doble firma de sus autores. Primero, de San Juan Pablo II; después lo hace suyo Benedicto XVI.

   Benedicto XVI asume el diagnóstico preciso de San Juan Pablo II, y hace suya la afirmación clave, el tratamiento para que las comunidades puedan salir a la tarea de evangelizar la nueva cultura. Necesitan, como requisito previo, éste:

   “La condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones” (Chf l. 34).

  • Podemos preguntar si nos lo hemos planteado, si creemos que eso es así, una verdad, una asignatura pendiente, o más o menos, que eso es “un brindis al sol”, decir cosas bonitas, pero metas inalcanzables.
  • Si estamos seguros de que esa verdad enunciada encierra la clave para esos cuatro síntomas, aunque nos sigamos preguntando cómo hacerlo, podemos continuar. Porque van a venir las precisiones con un realismo pastoral.
  • O estamos sin admitir el diagnóstico, sin saber si esos males los hemos incluido en la lista de esas “enfermedades raras”. Si nos hallamos así, no nos queda más que cambiar nosotros, o abandonar la iniciativa.

     Sabemos que hay disculpas

   Que no hemos sido educados para esto…

   Que la cultura emergente prepara para el egoísmo más duro…

   ¡Disculpas fuera! Comencemos a formar, a anunciar, a explicar, a hacer intentos con los nuestros.

   Hagámoslo juntos. Con el respeto más total a la creatividad de cada comunidad.

   Pero, salgamos, compartiendo al mismo tiempo, cómo vamos dando pasos para crear el nuevo sello, el nuevo estilo, la nueva pastoral para la nueva realidad cultural que siempre ha de nacer de la Eucaristía. Porque si la Eucaristía no nos renueva para acometer la necesaria obra evangelizadora, algo muy serio está fallando.

   Si hay que facelo ¡hay que facelo!

   Se trata de ser coherentes.

   ¡No preguntes si es difícil! Basta con saber… ¡¡que es necesario!!

   Es lección que aprendí de mi padre, aquel picador de mina de carbón, que bajaba el primero a donde estaba el grisú, mientras sus compañeros criticaban esa prontitud que él y todos sabían encerraba peligro. Pero él sabía, además, que era necesario bajar. Y bajaba diciendo: “Si hay que facelo… ¡¡hay que facelo!! Me lo contaron, más tarde, sus compañeros.

  1. La comunión la vivimos en comunidad

         Por el freno de la inercia del pecado que siempre es egolatría; por algo de dejación por parte nuestra como animadores de las comunidades, porque es verdad que la cultura emergente es egoísta y cultiva el egoísmo, por esas razones, el tema de la comunidad lo tenemos entre las asignaturas pendientes.

   Mirar de un modo distinto. Es un tiempo de gracia

           La fe inaugura un modo distinto de acercarnos a las relaciones interpersonales. Es lisa y llanamente la novedad de la gracia.

  • El tema es uno de los que han de ser tratados con más calma, basta un par de afirmaciones. Las miro en la perspectiva del apartado siguiente desde decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, o sea, tu misión y la mía.

    La vida nueva de la comunión trinitaria la vivimos es comunidad

   El libro de los Hechos nos da el dato, el paradigma de toda comunidad.

   En nuestro tiempo, el decreto Ad gentes dice en el dintel de su reflexión:

   “Plugo a Dios llamar a los hombres a la participación de su vida no sólo en particular, excluido cualquier género de conexión mutua, sino constituirlos en pueblo, en el que sus hijos que estaban dispersos se congreguen en unidad” (Cf. Jn, 11,52).

   Esta cita del número 2 del Decreto, nos remite a la razón de ser de la Encarnación, y por lo tanto a la razón de ser la misión de la Iglesia, que continuamos la misión de Jesucristo. (Jn 20, 21)

   Una traducción actualizada la hizo Benedicto XVI en la JMJ de Madrid-2011 en la homilía de la Eucaristía de envío a la misión, al clausurar esa JMJ. “No se puede seguir a Jesucristo en solitario”. Y en la “Puerta de la Fe” enseña:

   “La profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. El primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo” (P.F 10)

   Grandes etapas de la comunión eclesial

          Sería muy interesante echar una mirada a la historia de la comunión eclesial. La gozosa estampa, no exenta de compromiso, del Santo Padre Francisco y de Su Santidad Kiril mirándose a la cara, rezando juntos y firmando hojas de ruta de un futuro distinto… ¡después de casi mil años sin dialogar!, habla por sí sola. Nosotros en este momento somos los potenciales artífices de la nueva comunión eclesial.

  1. La comunidad, agente en la evangelización de la novedad

    El Ad gentes llega a afirmaciones claras, mirando a la tarea misionera, o sea, evangelizadora. En el 37 deja claro lo que intenta:

Deber misionero de las comunidades cristianas”. “Como el Pueblo de Dios vive en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes.”

    A este párrafo 37 le sigue una comparación preciosa, que la entenderíamos con sólo recordar nuestros años de campamentos. En la metáfora de Isaías dice algo muy serio:

   “La gracia de la vida nueva en las comunidades no puede crecer si no expande cada una los campos de la caridad hasta los confines de la tierra, y no tiene, de los que están lejos, una preocupación semejante a la que siente por sus propios miembros.”

   O sea, que, sin esa apertura evangelizadora, la vida nueva de la comunidad “no puede crecer”, esto es, estaríamos haciendo cristianos anormales, con un raquitismo total.

    La historia de la misión es historia de comunidades

   La obra evangelizadora la han realizado las comunidades. Es enseñanza de la historia de la misión. La mejor misión de la Iglesia lleva el sello de comunidades evangelizadoras.

    Recordemos el entusiasmo de Pablo con la comunidad de Tesalónica por su labor misionera. (1Tes 1, 4-10)

    Recordemos la ingente obra evangelizadora realizada por las comunidades de vida consagrada que alaba el decreto Ad gentes 40.

   Recordemos sin silencios vergonzosos la obra evangelizadora de una comunidad cristiana que se trasladó al Nuevo Mundo toda ella en su rica diversidad, y también con su condición de pecadora, de la que siempre salía con la penitencia sacramental. Que la Iglesia no es santa por ser impecable, sino por reconocerse pecadora perdonada, y aprender así a perdonar también ella.

  1. Re-hacer en su trabazón cristiana nuestras comunidades

         Lo piden San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Mirar a mi comunidad; verla como agente para la evangelización de lo mucho de novedad que encontramos en el día a día. Aceptar un aprendizaje de ser instrumentos de la gracia dentro de Iglesia de comunión, mirando a las carencias de la cultura actual como un reto. Poner en juego lo que somos y tenemos. Hacerlo de la mano y en compañía con otras comunidades que ya están caminando esos caminos de comunión.

   Las consecuencias pueden asustarnos: No será fácil pasar de ser servidores a demanda del consumidor de turno, a iniciarnos con ellos en la tarea de evangelizar de la mano y en la comunión desde la comunidad.

   Traducir para hoy el asombro del gentil, que admirado exclamaba: “Hay que ver cómo se aman”, y pasar a rezar con Jesucristo su oración, mirando a los nuevos gentiles: “Padre: que sean uno, como yo en ti y tú en mí; que todos sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21), ofrecernos a ser esa justificación necesaria para que hoy puedan creer en Él como el enviado por el Padre.

   Conocer lo que son los ámbitos de comunión, y prepararnos con la fuerza del Espíritu como especialistas en la espiritualidad de la comunión en un mundo que es fuertemente intercomunicado y carece de experiencias de comunión. Ser servidores y compañeros de camino de nuestros hermanos en medio de las carencias de la cultura del egoísmo.

       10. Buscar juntos caminos de respuesta

   Ese estilo nuevo creemos que tiene una ayuda en el Encuentro, entendido, preparado y realizado como herramienta al servicio de la comunión.

   Será tema de otro diálogo. Pero hay camino en el “encuentro”; no hablo del “evento”, de las movidas carentes de la dinámica propia del encuentro. Éste exige que haya un “antes” pensado y preparado desde la comunidad de origen, que los participantes en el encuentro, vengan enviados por su comunidad de origen. Que la realización toda, lo que conocemos como el “durante”, esté muy bien planteado y orientado a volver a la comunidad de origen, al “después” del encuentro, que siempre es la razón de ser de poner en marcha un encuentro así. Por esto hablo, consciente de que ésta es la novedad, de un Encuentro de comunidades. Porque los agentes de la nueva evangelización han de ser las comunidades.

    Esto será tema para una preparación cuidadosa por parte de todos los que veamos necesario este recurso.

   Una advertencia
   Lo que estamos anunciando para este verano no es propiamente un encuentro, tal como lo entendemos.
Queremos tener un tiempo para poder tratar y hablar de estos temas. Un tiempo cuidado, aprovechado, programador de futuro.
Bajaremos al detalle.
Por hoy, gracias.
Espero tu comentario.
4º Domingo de Cuaresma 2016 – ¡Laetare!