¿ ESTARÁ PROHIBIDO SOÑAR ?

Presentación

                         José Valdavida Lobo 

Subo a esta edición especial de La Voz unos apuntes y reflexiones sobre cuatro temas, que nos salen por esas ventanas del alma, que van más allá de los sentidos.

Salen, contando, de modo muy consciente, con el acierto del poeta ante el Cristo de Velázquez: “Porque sólo en las sombras del sueño se nos dan las sublimes visiones, se nos dan los divinos conceptos, la luz de lo grande, la miel de lo bello”. Así decía, así versificaba el poeta la historia de Salvación. Que, en sueños, habló Dios a sus Patriarcas y elegidos; en sueños le trazó al Patriarca de las dos Alianzas, a San José, las primeras y duras jornadas de su caminar con María, sus propias andanzas de perseguido, de emigrante, que serían después denominación de origen en la vida del Hijo de Dios, y de todos, en su Iglesia. En sueños habló Dios de caminos, que eran escalas al cielo para Jacob, y destierro de su país, para San José.

Son títulos de otras tantas ventanas abiertas todas con una pregunta.

             ¿Estará prohibido soñar…

                        … ¡Un Sínodo… ¡¡sobre los jóvenes!!? 

                        … El caminar de Comunidades misioneras?

                        … Ser Creativos…o Evangelizar la cultura?  

                        … Tener fantasía para la misericordia?

 

Son ofrenda final al Jubileo de la Misericordia. Pienso en nuestra Comunidad de Comunidades. Estáis invitados a decir si son éstos los objetivos, éstas las preocupaciones que manejamos a diario. Pienso y escucho también preocupaciones que bullen en nuestra Iglesia.

Cuando leas estas notas, si necesitas alguna aclaración, la puedes encontrar en nuestra página www.ecpe.es. Después, ya con más datos, te puedes unir al coro de los soñadores, o calificarlas como utopía. Porque descubro algo bueno en la utopía, esa parte que tiene de reconocer que la idea vale la pena. No me apunto a la segunda parte, cuando el decepcionado añade: “Sí, … ¡pero eso es imposible!” No lo acepto desde que, en el prólogo de la Encarnación, el Ángel, de parte de Dios, le dijo a María, y en Ella a la Iglesia, que somos nosotros: “Para Dios nada hay imposible” (Lc. 1, 37) 

Ventana primeraventana 1

¿Estará prohibido soñar… ¡Un Sínodo!… ¡¡sobre los jóvenes!!? 

La noticia saltó a la prensa: Un Sínodo…¡sobre los jóvenes! La invitación a mí me llegó de mi amigo, Manuel Tejada, conocido en esta Comunidad de Comunidades. ¿Por qué no me escribe algo sobre el próximo Sínodo de los jóvenes, que ha anunciado el Papa? El 10 de este último septiembre le respondí enviando una reflexión “Soñar un Sínodo”. No podía ser menos. Sencillamente, porque los jóvenes son parte muy importante en mi vida de fe. Nunca me negaré a hablar, a escribir, aunque nadie lo lea o, si lo lee, aunque después no responda.

Soñar es lo más normal, cuando se ama

Y a los jóvenes los quiero mucho, y a la Iglesia, más. ¿Qué madre no ha soñado, pensando en su hijo? Las palabras de San Juan a los jóvenes y a sus padres “No améis al mundo ni lo que hay en el mundo” (1Jn 2, 15) ¿no eran entonces, no son ahora un bendito sueño? Tendremos que soñar, y decir, y escribir nuestros sueños.

Sueño, ¡y cómo lo sueño!, sólo… ¡que el Sínodo sea Sínodo!

En el significado elemental de la palabra: “Caminar juntos”. Pues, desde el Concilio, y en los muchos textos que hablan de los jóvenes en la Iglesia, en todos hay esta constante: se les ofrece y se les pide que sean agentes activos. Ahora tenemos la oportunidad única las comunidades, los consultores y, con mi mayor respeto, los padres sinodales, de hacer que sean agentes vivos en el Sínodo de ellos. Es cuestión de coherencia con lo que les estamos pidiendo siempre a ellos.

Una vez más vuelo a una pobre reflexión sobre la palabra “caminar”. En todas partes se nos invita a “caminar”. Pero piensa un instante. “Caminar” tiene casi las mismas letras que “cambiar”. Si sustituyes la “n” por una “b”, dirás que caminar supone cambiar. En la práctica, sin embargo, muchas veces caminamos, sin querer cambiar; por los mismos senderos, sin atrevernos a buscar caminos nuevos. Sería una pena que el Sínodo no fuera la ocasión, el sueño querido por Dios, para cambiar, para que las comunidades pusiéramos esa “b” necesaria, y nos ofreciéramos a caminar juntos.

Sueño un Sínodo que impulse una nueva pastoral con jóvenes

Para eso, en esa parte de la Pastoral, que tiene a los jóvenes como destinatarios y agentes, las comunidades deben comenzar a cambiar. Es un primer paso muy primero. Comenzar a pensar una pastoral “con” nuestros jóvenes, no sólo “para” los jóvenes.

Sueño un cambio grande en el “antes” del Sínodo, también en el “durante”, ese tiempo de sesiones en Roma, y en el “después”. Sueño un cambio serio, de futuro. Ahora y aquí me paro en el “antes”.

Para el futuro nuevo que es necesario, es imprescindible que el Sínodo pida, aliente, motive y enseñe que la Pastoral de jóvenes debe cambiar y comenzar a ser una pastoral desde ellos con la comunidad

Un “antes” nuevo para un Sínodo distinto. Que las comunidades no inventemos más “consignas de equipajes”, donde dejar a sus jóvenes, sin tener que cambiar en nada la vida de los adultos. Un “antes” del Sínodo en el que los padres con los hijos se planteen juntos que tenemos que cambiar todos. no vuelva a ser meta poder dejar a nuestros hijos al “cuidado” del cura joven, porque allí estarán seguros, mientras los adultos podremos hacer tranquilos lo que nos dé la gana.  San Juan daba a padres e hijos la misma consigna. La comunidad del futuro no se hará yuxtaponiendo esquemas pastorales y evangelizadores buscados, soñados y preparados por separado.

Sueño un Sínodo, que ya desde el “antes” ponga a prueba la Iglesia de comunión. Que, a partir de ahora, adoptemos una actitud nueva, todos viviendo la fe “en sinodalidad”, esto es, aprendiendo a caminar juntos, dispuestos a cambiar de vida, juntos.

Sueño, ¡y cómo lo sueño!, un “antes” del Sínodo que nos exija pensar juntos una pastoral muy distinta, contraria a lo que hace y vende el comercio de la diversión, que, de intento, busca separar. También intentó esta separación aquel “mayo francés”, que está resultando ser tiempo de casi todas las lenguas y culturas.

Pastoral de iniciativas de la comunidad, que sienta y busque dentro de ella, como una gracia, la presencia activa, creativa de jóvenes.

Comunidad consciente de que es ella la que tiene la vida que puede compartirla, y que la encontrará enriquecida, si la recibe en una pastoral de encuentro con sus jóvenes. Y tiene que surgir la pregunta:

Las JMJ. ¿Cumplen el sueño de San Juan Pablo II?

¡Sueño que se recupere el modelo de Encuentro que acuñó San Juan Pablo II para las Jornadas Mundiales de la Juventud! Porque las JMJ tienen patente de Encuentro. Encuentro al que se va asumiendo los dinamismos que le son propios, los del “antes”, el “durante” y el “después”, todos vividos desde la comunidad. Un “antes” de formación compartida en la comunidad. Un “durante” con la riqueza del intercambio enriquecedor, pues cada grupo trae las riquezas de su comunidad de origen. Un envío al “después”, a renovar y enriquecer la comunidad de origen con las riquezas del Encuentro.

    El “Encuentro”, como lo diseñó San Juan Pablo II, es herramienta normal para vivir la comunión en un mundo, profundamente intercomunicado, y que sin embargo, siente hambre de comunión.

¿Estará prohibido soñar esa renovación, que fue original, que se pierde, si rebajamos el Encuentro a la fugacidad del evento, que tiene algo de bueno, y que habrá que saber buscarlo, pero que preparar un “evento” ésa no es la marca de origen de las J.M.J.?

Ventana segunda

¿Estará prohibido soñar… el caminar de Comunidades misioneras? ventana 2

Para nosotros, los que formamos esa Comunidad de Comunidades y desde ella asistimos al sueño diocesano de nuevas comunidades. Porque así califico el Plan diocesano 2016 – 2020: un sueño del caminar de Comunidades misioneras. Más de uno me habéis dicho cuánto os alegró ver la palabra “comunidad” repetida con insistencia. Por eso, participo con gusto en este bendito sueño diocesano, si digo de entrada que, desde esta Comunidad de Comunidades vemos con ilusión poder soñar ese futuro diocesano marcado por la comunitariedad. Pablo también soñaba tantas cosas para sus Comunidades, a las que quería como a hijos, porque las había engendrado en Cristo. (1Co 4, 14-15).

Dios nos encomienda la tarea más necesaria hoy: Presentarnos actuando como Iglesia de comunión. Dinamizar nuestras comunidades en esa dirección. Comenzar por los presbíteros.

Este Arciprestazgo nos lo planteamos casi al final del pasado 2015. La humildad de una pregunta inició un diálogo, esa manera única de trabajar como iglesia de comunión. Aquella pregunta “Cómo revitalizar nuestras comunidades”, ¿fue testamento sin albacea? Quiero creer que fue visión de futuro, semilla de una vocación. que se convertiría en Plan, que nos interpela a todos desde la diócesis, desde el arciprestazgo, desde las parroquias con esa necesaria implicación de las familias, “iglesias en miniatura”, para San Juan Pablo II. (Familiaris consortio 49)

Objetivo necesario: Comunidades nuevas

Porque ahí está la necesidad primera.

Casi como un sueño gozoso leí y recé la enseñanza de San León Magno. Subí al escritorio de mi ordenador esta cita de su Sermón 4º, como ayuda a la hora de asumir la necesaria renovación eclesial.

“Toda la Iglesia está organizada en distintos grados, de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús. Esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza. En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad en la que todos gozan de la misma dignidad, según las palabras de san Pedro: También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.” (P.L. Sermón 4, 1-2)

Esta visión de la Iglesia, como construcción sagrada, ha de ser punto de partida. San Juan Pablo II lo llama espiritualidad de la comunión: “Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión”. (NMI 43) Y esto, juntos, a cualquier nivel. Que ladrillos amontonados no hacen pared.

Despertar del sueño. Conocer que es el Plan de Dios: Ofrecer nuevas comunidades, que hagan presente la comunión de la Santa Trinidad, la “Iglesia desde la Trinidad”, a este mundo, con posibilidades nunca pensadas en lo que toca a la comunicación, y con carencias enormes en lo que sólo puede ofrecer la comunión.

Porque esta vocación de comunión fue santa obsesión para Jesús. Él que vino “para reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 11, 52), nos dejó ese encargo como mandamiento nuevo en la Última Cena. San Juan Pablo II aplica con rigor a “nuestra programación pastoral (que) se inspirará en el «mandamiento nuevo» que él nos dio: «Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34). (NMI 42)

Jesús mismo, plenamente consciente de la dificultad de su encomienda, lo hizo tema de su oración de petición al Padre, sin rebajar nada la exigencia: “Que sean uno, como yo en ti y tú en mí; que todos sean uno como nosotros, para que el mundo crea” (Jn 17, 21-26)

Sin echar balones fuera

Estamos en la raíz de todo el Plan, que se ha de concretar en programas necesarios. No echemos balones fuera, diciendo que esta cita de la Oración sacerdotal es un tema ecuménico. Antes, siglos antes, de que surgiera el reto del ecumenismo, esta afirmación del Señor tenía carácter universal en tiempo y lugar. Expresamente nos dijo Él que pedía por todos los que habíamos de creer en él por las palabras de los primeros testigos. (Ver Jn 17, 20) No echemos balones fuera. En toda comunidad, en las numéricamente pequeñas o las grandes; en nuestro presbiterio, en cualquier realidad comunitaria ese mandato y esa oración de Jesús son espejo y pauta de conversión.

     Sigamos soñando, pero muy despiertos para atrevernos a leer la última parte de esa oración del Señor, que pone la vida de comunión como condición para evangelizar de verdad. Jesús pide al Padre esta unidad, porque la necesita Él para justificar ante el mundo su misión” “Que sean uno, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Evangelizar pide vivir la comunión en comunidades 

Atrevernos a poner el acento donde hay que ponerlo. No basta repetir la palabra “comunidad” vacía de concreciones. Hemos de atrevernos a decir con Juan Pablo II y Benedicto XVI, que “la condición” para evangelizar hoy es “rehacer desde su trabazón cristiana las comunidades cristianas que existen” entre nosotros. (La misión de los fieles laicos, 34. Benedicto XVI en Ubicumque et Semper)

Nunca diré que es una tarea fácil. Sí que es necesaria, y a juicio del Señor, imprescindible para que Él la pueda exhibir como certificado de que ahí, en la comunión está la fuerza de la vida en la Santa Trinidad.

Diálogo. Herramienta primera, instrumento imprescindible

Entre sueños y pisando tierra. Lo he dicho muchas veces. Lo digo con una conciencia nueva. El diálogo es herramienta necesaria, imprescindible para vivir la comunión eclesial. Necesitamos humildad para poner en marcha ámbitos de diálogo, de búsqueda, donde lo normal sea el diálogo para la búsqueda conjunta de la sabiduría que Dios nos dará.

Por eso, te invito a abrir la tercera ventana.

Ventana tercera

  ventana 3¿Estará prohibido soñar…¡Ser  Creativos y Evangelizar la cultura!?  

Creativos. Nos necesitamos así. Lo traduzco: Nos necesitamos con el atrevimiento, con la parresia de los Apóstoles, con ese hablar audaz y libre para decir cosas, que pueden parecer ofensivas, pero tú sabes que, en realidad, son noticias que harán felices a aquellos a quienes se las dices.

Para poner en marcha un “gabinete de la creatividad”

Necesitamos creatividad, lo traduzco, atrevimiento para poner en marcha un, a modo de, “gabinete de la creatividad”, en el que no sólo no esté prohibido crear, sino que, con el respeto fruto de la valoración de la Santa Tradición, sin la cual negaríamos la comunión, se trabaje, se aliente, se busque, se estudien con profundidad las propuestas, vengan de una o de otra parte, para ofrecer el Evangelio desde dentro de nuestra cultura cambiante.

Si siendo creativos, entre todos, acertásemos a lograr que funcione un instrumento de este estilo – el nombre me importa poco – sería un paso muy importante, porque, de verdad, es imprescindible el diálogo, el trabajo serio en equipo, cuando partiendo de una base común y con un método adecuado a la eclesiología de la comunión, buscamos que la vivencia de esta eclesiología sea sólida.

Sería un paso único, porque necesitamos crear, buscar, y hacerlo juntos, para encontrar los caminos para los cambios. Hablo de caminar para cambiar lo que sea necesario. Si no caminamos dialogando y buscando juntos, a lo mejor nadie nos podrá decir que estamos parados, pero repetiremos los mismos pasos, sin someterlos al contraste de la Palabra de Dios para nuestra realidad.

Creativos, no sólo ir a remolque de las dificultades

Tomar la iniciativa dentro de nuestra diáspora cultural. Con el Salmo 42 – el salmo del desterrado – rezar  a Dios “envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen”. Que no vayamos a remolque de las dificultades,  “que no ande yo hostigado por mi enemigo”. La iniciativa es de Dios por Jesucristo que para la misión nos garantiza su mismo Espíritu creador (Jn 20,21-22). Desde la Verdad, desde la Belleza de tu Verdad, que anuncia y nos da el don de la Paz, que es el descanso en la posesión de ese Bien seguro. Que desde ahí el Gabinete de la creatividad sea una escuela para “acercarme al altar de Dios, el Dios de mi alegría.”

¿Nos hemos preguntado por el fondo cristiano de la “creatividad”?  Ese fondo tan hondo que llega a ser base de la Profesión de fe en un Dios creador, pero que se está ofreciendo – como nueva forma de idolatría – en el boomerang – o bumerán – la persona, ella sola, también prescindiendo de Dios, la que crea, inventa, resuelve. Es una forma idolátrica muy sutil, y de la que no solemos estar advertidos.

La misión no es ir a remolque de nada ni de nadie. Es vivir en la Paz. Es ese marco pascual el que escoge Jesús, con su anuncio reiterado de la Paz, para hacernos herederos de su única misión. Una misión para la diáspora cultural que vivimos, tiene ese carácter litúrgico que llena la experiencia de fe y la traduce en una vivencia de la fiesta alegre.

¿Un centro de interpretación de las realidades de nuestra fe?

¿Hace falta? ¿sería útil hoy?

La idea la recibí en un diálogo algo informal de sacerdotes. No fue mía. Uno sugirió pensar en un Centro de interpretación de la fe. No hubo tiempo para detallar más. Me uní a la idea, porque la veo apropiada, si partimos de la situación de ignorancia y desconocimiento en cuestiones de vida cristiana, que padecemos, y que la Exhortación Iglesia en Europa califica con duro realismo.

A ti, que celebras la fe en esta Comunidad de Comunidades te invito a leer estas afirmaciones de San Juan Pablo II:

    “En varias partes de Europa se necesita un primer anuncio del Evangelio: crece el número de personas no bautizadas, sean emigrantes que pertenecen a otras religiones, hijos de familias de tradición cristiana que no reciben el Bautismo por la dominación comunista o por indiferencia religiosa general. Europa ha pasado a formar parte de los lugares tradicionalmente cristianos en los que, además de una nueva evangelización, se impone en ciertos casos una primera evangelización.”

    “En el «viejo» Continente existen sectores sociales y culturales en los que se necesita una verdadera y auténtica misión ad gentes”. (E.E. 46)

    “Muchos europeos de hoy creen saber qué es el cristianismo, pero realmente no lo conocen. Con frecuencia ignoran elementos y nociones fundamentales de la fe.”

     “El desafío consiste no tanto en bautizar a los nuevos convertidos, sino en guiar a los bautizados a convertirse a Cristo y a su Evangelio. Nuestras comunidades tendrían que preocuparse seriamente por llevar el Evangelio de la esperanza a los alejados de la fe o que se han apartado de la práctica cristiana.” (E.E. 47)

Después de leerlo, que te preguntes: ¿Esto pasa también entre nosotros? O ¿somos una isla aparte del resto de Europa?  ¿Sería bueno que  pudieran acudir a un Centro de interpretación de la fe cristiana?

Asocié la idea de un Centro de interpretación de nuestra fe a una actividad nueva, en un campo que, ciertamente, no es nuevo, pues en él la Iglesia de Burgos tenemos mucho que decir, y no poco que preguntarnos. Hablo del campo de tender puentes desde la “Vía pulchritudinis”. ¡¡Cómo me gustaría hablar de estos nuevos campos que vamos entreviendo!! Porque, habrá otros más.

Una lección mirando a la vidriera central del Santuario 

La Virgen de la Vega, la Virgen del Magníficat en casa de Isabel, es peregrina por los montes de la historia, fue y sigue siendo creadora, animadora del Camino de la Belleza. Su Magnificat ha sido atalaya para la  creación musical y artística más rica. vidriera

Sin tiempo para entrar ahora en detalles, sólo pregunto a los devotos de la Virgen de la Vega, miembros de esta Comunidad de Comunidades, si han caído en la cuenta que Ella está convocando artistas de la piedra, de la madera o del hierro; ha llamado a los que crean con el carboncillo, el pincel, o la plumilla; su alegría ha llenado pentagramas de servicio a la comunidad desde la música y el canto, desde niveles diarios y festivos hasta momentos de la calidad más lograda; mirando a la Madre trabajan con mimo la decoración y las flores; la Virgen es inspiradora de la común disposición para cuidar la belleza en las celebraciones participadas, y la de algunos para la fotografía y la difusión por Internet. No seríamos auténticos si no cuidásemos este regalo de su presencia en el nuevo y siempre válido Camino de la belleza.

Creadores desde dentro de una nueva cultura

         A impulsos de la fuerte intercomunicación, está brotando una nueva cultura. Grupos con una común militancia quieren hacernos ver como lo más normal “dejar a Dios aparte”. Lo hacen no tanto con discursos, cuanto llenando los modernos m.c.s. con modelos de personas que viven esa cultura nueva sin Dios. Entran en nuestro salón de estar. Sin salir de casa, nos imponen una diáspora cultural, en la que resulta muy difícil respirar en cristiano. Ante esta  realidad sociológica, los sueños se tornan llamadas a estar despiertos.

Ni aferrarnos a cosas, a costumbres, sin más. Ni repetir por puro mimetismo modas que niegan los valores más sagrados. Saber discernir, conocer los valores del evangelio; aprender de la capacidad valiente desplegada en siglos por los cristianos, que han sabido acometer los cambios tan grandes, como los que ellos han producido.

El papel que tienen por sí mismas la comunicación y la movilidad ha de ser tenido muy en cuenta a la hora de programar. Han de formar parte de modo decisivo, ha de ser criterio para los programas esa movilidad y comunicación existentes entre las personas. Los ámbitos que queremos señalar para nuestros programas, ¿por qué razón han de seguir siendo sólo los que se basan en parámetros territoriales? ¿No habrá que sopesar el papel nuevo y creciente que tiene esa movilidad para las personas de nuestros pueblos y ciudades? Se trata de llegar con nuestra convocatoria al ámbito donde se reúnen para que sean más eficaces, y para que la comunión, en la que nos apoyamos, se inerte en los modelos nuevos de la cultura y de las formas de vida.

Atrevernos a examinar los criterios a los que nos atenemos a la hora de programar; preparar con sumo cuidado las nuevas, más cuidadas y más comunitarias maneras de celebrar la fe han de tener valor y peso nuevo.

  • Desarrollar estas preguntas
    • ¿Nos preguntamos qué papel juega la cultura en el programa global de “dejar a Dios aparte”?
    • ¿Pensamos a quién ponemos en su lugar?
    • ¿Pensamos que es posible que en el “eclipse de Dios” el objeto que se interpone puede ser “mi yo”, “mi proyecto x”, o incluso “mi creatividad”?

El misterio cristiano va, con mucho, por delante

En su Providencia, Dios va por delante y pone a nuestro servicio la respuesta más inesperada para los retos claros de nuestra cultura que se apoya en la intercomunicación generadora de nuevas interdependencias culturales.

La Eucaristía tiene en sí misma la fuerza para asumir los nuevos retos, y lo realiza superando con mucho, lo que, a lomos de la tecnología virtual, se está logrando en cuanto a conceptos del tiempo, como son el “antes“ y el “después”. La Eucaristía anuncia y realiza de modo único ese nuevo concepto, una nueva vivencia supra temporal desde el “ahora eucarístico”, que supera, al mismo tiempo que esas limitaciones de lo temporal, también las que nos impone la geografía con los conceptos sobrepasados de “lejos” y “cerca”, o los que la sicología nos marca como lo “tuyo” y lo “mío”, pues nos hace uno en Cristo, que Él mismo está real y sacramentalmente presente, y actuando a la vez en todas partes, sin límites geográficos, sin condicionamientos temporales, sin diferencias raciales. ¿Hasta qué punto esta nueva cultura de la comunicación es ámbito de la nueva y urgente – ¡no nerviosa! – programación eucarística?

Lo nuevo de este cambio de época, lo que ofrece posibilidades nuevas, y nos pide nuevos estudios no está en la maravilla de la tecnología, que es grande, y que es soporte que hace posibles los cambios, sino que lo  nuevo está en la nueva cultura que supera distancias y tiempos. Tener en cuenta estos nuevos valores culturales, enriquecerlos desde los valores peremnes de la fe, palabra y sacramento, y poner a su servicio nuevas soluciones digitales acompañadas de catequesis de la espiritualidad de la comunión, cuidar con verdadero mimo la dignidad de la celebración, eso sería comenzar a mirar al futuro con patente de actualidad.

Es cuestión esencial, porque los tiempos son nuevos

Intento escuchar la llamada a la necesaria creatividad, que nos pide de modo expreso NMI, al pedir una “nueva acción misionera”. Porque…

Ha pasado ya la situación de una «sociedad cristiana», la cual se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy se ha de afrontar con valentía una situación más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza.” (NMI 40)

Esta acción misionera está marcada por unos calificativos que nos ofrece, poco después, cuando dice, rezando:

“Que nos ayude y oriente, en esta acción misionera confiada, emprendedora y creativa, el ejemplo esplendoroso de tantos testigos de la fe que el Jubileo nos ha hecho recordar…” (NMI 41)

Está pidiendo para nosotros en esta tarea misionera la valentía del mártir.

Evangelizar la nueva cultura, servicio a los pequeños del Reino

Es el mejor testimonio que puedo ofrecer a la memoria de mi padre. Minero, picador de hulla. Que tenía que “doblar”, o sea, hacer 12 horas en la mina, para que yo y mis hermanos pudiéramos tener lo imprescindible, cuando esto había que adquirirlo con dinero. Porque lo que no necesita dinero, el amor de mi padre y de mi madre, el amor de mis hermanos, eso estaba seguro.

Mi padre, nunca habría podido mantener su fe si, después de su duro trabajo, hubiera tenido que ir a un curso de formación. Tenía derecho, y alguien debía tener la obligación de cuidar que se atendiera ese derecho, a que la fe le llegara disuelta, empapada en el ambiente, en la cultura.

Por eso, mi amor y agradecimiento a mis padres es muy fuerte, porque no sólo no lo tuvieron, sino que fueron perseguidos y encarcelados por la cultura imperante en nuestro medio social, contraria a la cultura que pertenecía a las raíces de nuestras familias, al sentido de la vida y de la fiesta de nuestros pueblos, a lo que había sido la cultura de siempre.

Por esta razón, desde que, a principios de 1976, conocí y leí con detenimiento Evangelii nuntiandi, en sus números 19 y 20, me he propuesto siempre la meta: Trabajar por evangelizar la cultura. Será el servicio mejor a las gentes más sencillas, entre las que estaban mis padres.

Sé que es un trabajo a medio y largo plazo. Pero sé también que ya en este corto plazo hay demasiados hermanos cristianos en esa diáspora de la cultura, en ese hábitat que no es el suyo, y que se mete en el salón de casa, por la “Tele” o por las visitas, pero que nos está impidiendo respirar nuestro ambiente cristiano, del que tenemos necesidad.

  Ventana cuarta

 ventana 4¿Estará prohibido soñar, “dar paso a la fantasía de la misericordia”?

La frase es del Papa Francisco. Me sorprendió, ya en el momento en el que bajaba de la web del Papa (www.vatican.va) la Carta con la que él  cierra la Puerta del Jubileo en Roma, a la vez que pide que permanezca abierta la puerta de la misericordia de nuestro corazón.

Me pregunté, curioso, el alcance de esa afirmación que la vi hermosa. Pero que es bastante más que una frase bonita.

La razón de la ampliación de la apertura de la puerta es clara: “La misericordia renueva y redime, porque es el encuentro de dos corazones: el de Dios, que sale al encuentro, y el del hombre”.

O sea, que tenemos una síntesis precisa de todo el Jubileo, y que por lo mismo es clave de futuro: La misericordia es  una cuestión de amor.

Tenemos la clave

La clave para todo este tema de la Misericordia es que, seguros del amor de Dios, que siempre es inicial, sepamos dejarnos amar por ese amor gratuito, responder dejándonos amar misericordiosamente, y salir para acercar a todos ese mismo amor de misericordia.

Estas palabras del Papa Francisco están haciendo diana en este gran tema de la misericordia. Si sabemos orientar nuestra respuesta examinando nuestra actitud de amor, habremos acertado.

Misericordia: Encuentro del corazón de Dios y del corazón del hombre

Agradezco que consultes el cuadro “Vitalidad y dinamismo para la nueva evangelización”

A la luz de esta verdad tan sencilla, quiero hacer memoria del papel que la Misericordia de Dios está teniendo con este Santuario, “Centro de la Comunidad de Comunidades”.

Los Santuarios han tenido un papel importante en la celebración de la misericordia. Es dato a tener en cuenta. Sobre el telón de fondo, de “los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios siempre vueltos hacia nosotros”, (M. et M. 22) voy a poner las luces y sombras que descubro en la respuesta, que nuestra Comunidad ha sabido dar o, si se ha quedado corta a la hora de acudir al “encuentro con el corazón de Dios”. No es nostalgia del pasado lo que me mueve. Me acerco a este tema con la conciencia de la necesidad de creatividad para la misericordia, que ya San Juan Pablo II nos pedía para ese sacramento: “que los Pastores tengan mayor confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorizarlo” (NMI 37).  Hago mía la oración final del Papa a la Virgen: Que Ella sea “la primera en abrir camino y nos acompañe cuando damos testimonio del amor”. (M. et M.)

Miremos el tema desde el amor.

Llamada primera: El Año de la fe

Ahí se sitúa el comienzo de nuestra historia como Santuario de la misericordia. Dios nos dio una primera muestra de amor misericordioso el Año de la fe.

El Sr. Arzobispo nos designó entonces como espacio para recibir la Misericordia. Situamos la designación viéndonos dentro de una Iglesia que toda ella, con el Papa al frente, se ponía a rezar, a reflexionar, a madurar su comprensión del gran regalo de la fe. Al hacerlo, la Iglesia y nosotros con ella, descubríamos que necesitamos convertirnos.

Pedir la conversión es ya reconocer el pecado, reconocerlo no para hundirnos, sino desde un ámbito de amor: El de la gracia del perdón sacramental; el de la comunión de los santos que nos ofrecen los méritos infinitos de Jesús, los de María, y los de toda esa historia de la fe de la Iglesia, de la que hablaba bellamente la Carta “La Puerta de la fe”. Misericordia vivida como indulgencia, ese recurso de fe al tesoro de vida de gracia, que nos llega por la comunión, por la pertenencia a la Iglesia, que es pertenencia al Cuerpo de Cristo.

Miramos al Santuario como ámbito de fe que convoca y preside la Virgen María, la que creyó. Así, los primeros convocados a vivir la gracia de la Indulgencia somos los devotos, que estamos creando la Comunidad de Comunidades en torno a la Madre. Nosotros hemos de saber aceptar ese regalo, ser “misericordiados”, para ofrecerlo después misericordiosamente a todos los destinatarios posibles.

Sensibles al encuentro de amor, dimos algunos pasos

Nunca miramos la designación como una distinción, era llamada a nosotros, los primeros, a una conversión, a valorar más y mejor esta gracia, para saber compartirla.

Dimos algunos pasos. Uno, general: Vivir el Año de la fe al ritmo del tiempo litúrgico. Nuestra “apertura” tuvo el mismo rito de la Catedral. Doce familias se encargaron de preparar los cuatro domingos de Adviento. Dimos especial relieve a la profesión de fe comunitaria. El domingo del Bautismo del Señor fue una celebración hermosa de nuestro bautismo. 

Estas luces tuvieron, y tienen,  su contraste de sombras

Sombra fue, y sigue siendo, la celebración creativa del sacramento de la misericordia. Necesitamos creatividad, no sólo para la celebración de la Eucaristía, como eje de la nueva Comunidad, punto éste en el que hemos dado pasos claros e importantes, sino serlo también en la oferta aceptada de la nueva manera de celebrar este sacramento de la misericordia.

Sombra, que siendo realistas, nace muy unida al logro que siempre calificamos de  positivo, de comprendernos como una “Comunidad peregrina” por el caminar de veintidós Comunidades. En ese caminar no hemos sabido encontrar el tiempo y el marco para alegrarnos juntos de la elección del Señor de ser Comunidad “misericordiada”. Es reto sin repuesta.

Sombra, y más densa de lo que puede parecer, es la amplia difusión del descrédito, de la falta de valoración desde el amor de este sacramento. Porque, por ahí ha de ir la creatividad, y ya contamos con una muestra creativa en este camino. La está patentando el Papa Francisco, al ofrecer la iniciativa “24 horas para el Señor”, y dentro de ella, unidos el sacramento de la reconciliación y la adoración al Santísimo, el Amor de los Amores. La iniciativa ofrece con acierto una línea maestra para la futura creatividad: El Papa la resume en su última carta: Que han de ir unidas la Misericordia y la Eucaristía. Habremos de seguir caminando en esa línea.

Llamada segunda: En la bendita visita a Sta. María, la Mayor

Acudimos a Roma, invitados al Jubileo de los Santuarios de toda la Iglesia; un marco fácil para la humildad. ¿Quiénes éramos nosotros en medio de tan importantes Santuarios? El Señor que miró y mira la humildad de su esclava, nos incluyó en su mirada.

Fuimos a visitar a la Virgen, Salus Populi Romani, en su Basílica de Santa María, la Mayor. Desde éste nuestro aprendiz de Santuario, al que es prototipo de los Santuarios marianos del mundo. La visita era, al mismo tiempo, devolución de agradecimiento a D. Valentín Miserachs. Era fácil vernos herederos de la “humildad de la que es la Esclava del Señor. No  estábamos lejos del agradecimiento de su Magníficat. ¿Fue esa conjunción de humilde agradecimiento la que propició el regalo, la “fantasía de la misericordia? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, sin pedirlo, sin ni siquiera haberlo pensado, en forma de pregunta, nos llegó la invitación: ¿Por qué no os hacéis socios de esta Basílica de Santa. María, la Mayor? Sin tampoco haberlo programado, unos segundos antes, devotos ante el icono de la que es Salus Populi Romani, con Mons. Miserachs habíamos tarareado el comienzo de la oración del devoto que él nos musicalizó, subrayando lo de “estos valles y estas loras”.

Llamada última: La Carta del Papa sobre el futuro de la Misericordia

Nos acercamos y abrimos esta ventana, seguros de la vitalidad y fuerza evangelizadora que tiene en sí misma la Misericordia

Por eso, lo primero es pararnos en la afirmación esencial: “ fuerza evangelizadora”. Para abrir esta ventana, que nos invita a abrir la puerta del corazón  a la misericordia, es imprescindible asumir que somos encargados, o sea, dotados y capacitados para ello por Jesucristo, para ofrecer no sólo palabras de consuelo, de cercanía, sino palabras que llevan dentro una fuerza transformadora, que es lo mismo que decir que llevan dentro la fuerza evangelizadora, capaz de sanar el mayor de los males de nuestro tiempo: la carencia de amor, la ausencia total de la misericordia tan necesaria, el imperio del egoísmo.

Llamando al realismo, tenemos que decir: Los cristianos nos hemos cerrado a nosotros mismos la puerta que nos permite acceder y vivir la experiencia de la misericordia. Estamos, como comunidad, de espaldas al sacramento de la misericordia.

El Papa, con esa su libertad creadora de palabras nuevas, ha acuñado en esta carta ésta: “misericordiado”. Tiene un poder de síntesis admirable, y en su explicación la sitúa dentro de una lógica inapelable:

“Soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido «misericordiado», entonces me convierto en instrumento de misericordia.” (M. et M. 16)

Sólo si caemos en la cuenta, sólo si tenemos experiencia de ser “misericordiados”, podremos animar comunidades capaces de dialogar con una sociedad que necesita de modo urgente la misericordia.

¿Es o no es ventana que haya que abrir?

Y abrir esta ventana es leer la carta del Papa con toda esa carga que contiene de impulso a construir nuevas comunidades de “misericordiados”, que seamos capaces de la nueva creatividad sacramental – la que ya pedía San Juan Pablo II, y la nueva creatividad con respuestas dadas desde corazones abiertos a vivir la misericordia hoy, y aquí, en nuestro pueblos.

El reto es de una pastoral nueva que hemos de crear entre todos.