Familia de José ValdavidaEn mi Asturias minera, en una familia, que en resumen del Eclesiastés era “débil, necesitada de ayuda, que carecía de bienes y le sobraba pobreza, pero el Señor la miraba con benevolencia” (Ecl 11, 12) aprendí y viví los valores que recibí como herencia. Gracias a mis padres y a mis doce hermanos. Con Tino, el mayor de los que conocí, hice una temprana opción por la universalidad y la gratuidad. En ella estoy. De su mano fui al Seminario de Misiones, en Burgos, y doce años después, siguiéndole a él, aprendí a vivir mi sacerdocio en el Petén. ¡Gracias, guatemaltecos!

De Burgos, a Roma. Tuve la suerte de ser durante dos años, ya de regreso del Petén, alumno y compañero de mi maestro de Espíritu, mi querido P. Eliseo Quintana, aquel gran director espiritual, aquel maestro de Espíritu. Y me envían a Roma. Lo confieso: Soy gozoso seguidor de los Papas fuera de serie que Dios ha regalado a su Iglesia, y a mí me hizo la gracia de vivir muy de cerca su magisterio.

En tiempos de San Juan XXIII, primeros años de estudio en Roma, le seguí muy de cerca. Aprendiz de eclesiología con el beato Pablo VI, cuya elección viví, y después seguí en sus documentos, sobre todo Evangelii nuntiandi. Alumno en la escuela de San Juan Pablo II, desde aquella primera lección que le oí una y más veces: “Non abiate paura”, hasta las tantas que le acompañé con muchos jóvenes en las JMJ, sobre todo la de Santiago, en el inolvidable 1989, con nuestra aportación del Voluntariado, los VAS, primera vez que se hacía. De Benedicto XVI me ha gustado todo, desde el nombre que elige, hasta la renuncia valiente e inteligente, pasando por su magisterio impresionante y único. Recé y lo sigo haciendo con mis comunidades siempre que él lo pide, cuando le vi como creyente, en su aparición de Papa Francisco. Rezo y sigo su pensamiento y su compromiso renovador, que apuesta con claridad por una Iglesia-en-salida, que es algo más – bastante más – que una Iglesia en búsqueda.

Este prólogo, esta mi confesión de fe en la apostolicidad de mi fe en Jesucristo, que es fe eclesial lo escribo de modo consciente. Pero mi servicio a la Iglesia, en su misionalidad – Papa  Francisco dirá misionariedad – existía antes y siguió, y sigue porque seguía y sigue mi vida.

Desde las instituciones… con creatividad

José ValdavidaDe Rector del Seminario Nacional – ¿será pecado usar este adjetivo? – de Misiones, tuve la gracia de pasar a poner en marcha el Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones. Estamos 1967

El apellido “Sin fronteras” es acuñación propia en 1971. Pero fue bastante más, pues acuñábamos un marcado sentido eclesial diocesano y comunitario. Ya desde 1971. Fue nuestro el Día del “Misionero diocesano” rompiendo, de modo consciente, moldes anteriores a la eclesiología de “Ad gentes”. En aquel incipiente y creativo JSF dábamos a este servicio un nombre clave: Preparar el “Mensaje”, porque nunca entendí, y sigo sin entenderlo, un cristiano mudo, que no sea “un cristiano que a su vez da testimonio y anuncia”. (E. N. 24)

Sigo trabajando y creando, porque la creatividad ni tiene DNI con fecha de nacimiento, ni nadie le ha podido fijar fecha de caducidad, ni a nadie se le puede dar facultad de frenarla, a no ser que esto se haga a espaldas de la comunión.

No me paro a detallar los escenarios nuevos en los que apareció, o continuó apareciendo, porque lo suyo es eso: Crear. La “Marcha Misionera”, ponerse en camino; creación nuestra y signo desde el comienzo, años antes de los EMS. El Encuentro, con su “antes”, su “durante” y su “después” de servicio a la comunidad, es patente sin patentar, como tantas cosas que hicimos, porque va en el “adn” fundacional. “Misioneros Mundo Nuevo”, exigencia de los animadores de grupos; creatividad que brota paso a  paso. Lista interminable “Pon una silla más a la mesa”. “Sembradores de estrellas”. Un  fruto de ese estilo de trabajar en comunión. Javier Ilundáin, Jesuita, que no necesita ser “JSF”, porque es creyente entusiasmado y creativo, sugirió la idea; él  diseñó “la marca” del producto: Iniciar una manera nueva en la pastoral misionera: “Salir a la calle a no pedir, a dar algo”; “sólo a anunciar”, sin recibir a cambio ni un céntimo, aunque sea para otros, recibir sólo la sonrisa y la alegría inherente al servicio. Javier puso gratis la idea. Yo puse el nombre. Carmela la creatividad y el arte. Juntos emprendimos la tarea de sembrar sonrisas en la comunidad; que se haga presente por la alegría, en especial por la alegría que nace en toda vida entendida como servicio. Después, en decisión tan meritoria como no bien realizada, lo dimos por libre iniciativa a las OMP, sin capitulaciones, sin condiciones. Algo  que nunca se debe hacer.

Carmela y su equipo de Madrid aportan el “Tren misionero”, porque desde que escuchamos a Jesús decir: “Id a todo el mundo…” lo nuestro es salir. Papa Francisco dirá “Iglesia-en-salida”. Fuimos colaboradores, servidores gratis  en el “Ciencincuén”. ¿Te recuerdas, Dionisio, la sudada dentro del “Ciencincuén”?  “Misioneros del Tercer milenio”, porque nunca hemos querido mirar para atrás. Que a la mujer de Lot le costó cara esa postura de añoranza. Siempre hemos mirado al mañana, adelante. Y, cuando esto se lo hemos oído a los Papas, nuestra alegría ha sido muy grande.

JSF acude a los Encuentros Misioneros Silos, que no los inventa, sino que nacen en 1975, desde las Semanas Españolas de Misionología, al principio sin nombre, y multiplican los nombres y los ritmos, porque el tronco tenía savia. “Verano Mundo Nuevo”. “Operación Futuro”, fueron los primeros brotes. Llegó “Famisión”, porque lo pedían los mismos jóvenes en aquel encuentro en Ávila: “Y… a mis padres…¿quién les dice estas ideas que nos ofrecéis  a nosotros” Y, cuando la ONU mira a la familia, las familias cristianas salen a escena como “Familias en cadena de oración”.  Y del mismo modo “Sanidad y Misiones”, era nombre acuñado por años de Jornadas que promovía desde mi departamento de Misionología y Animación Misionera, en la Facultad de Teología, de Burgos.

Me he preguntado más de una vez ¿Es pecado convocar un Congreso nacional de Jóvenes cristianos?¿Lo será hacerlo desde las ACU? ¿Sería por tener el primer ordenador al servicio de una actividad de creyentes? Dónde estuvo nuestro pecado en aquel 1985, cuando la ONU proclamaba el AIJ, ¡y había que hacer algo! O ¿es que será pecado inventar? Por eso hubo un paréntesis buscando desaparecer de la escena eclesial.

La Santa Andariega me sacó del retiro, casi de la huida. Y comenzamos la osadía, el más difícil todavía, la Marcha Misionera de la Luz, Marcha Internacional por relevos, un servicio en comunión uniendo dos Teresas, la de Lisieux, en Francia, y la Ávila, que se alargaba hasta Alba de Tormes.

Nacen los VAS, otra experiencia pionera de comunión, que parece que a veces se quiere echar manos de la libertad de olvidar que el servicio de voluntariado fue respuesta alternativa a la petición – muy de agradecer – de que preparase un servicio de orden. JNJ-1989, y que sería copiado por todas las JMJ, a las que seguimos acudiendo, no sin romper nuestro ritmo de Encuentros.

Simultaneé este trabajo y este servicio sin dejar de atender a o que me pidió mi Obispo: Ser Delegado de Misiones, y sin que me lo pidiera, puse el primer ordenador al servicio de nuestros misioneros, no sólo en el Día de los misioneros de la diócesis, que pusimos en marcha, sino como instrumento normal.

Una decisión pensada y realizada contra viento y marea. Así llamo y subrayo esta gracia que el Señor me hizo, y el paso que yo di libremente al final de 1989: Dejar la Delegación de Misiones, y ofrecer mi servicio al Obispo, sólo con una condición: Que me asignara un pueblo donde tuviera casa. No quería ir y venir desde Burgos. Me asignó… ¡nueve! Después fueron ¡¡once!! Hoy son ¡¡¡veintidós!!! Ha sido el marco de mi servicio a la Iglesia, en el que he aprendido y sigo aprendiendo; que en ningún momento lo h buscado como fácil, sino como necesario; que me ha dado no pequeñas dificultades y grandes consolaciones. Es el marco – veinticuatro años de servicio con y desde cristianos de a pie – desde el cual quiero seguir trabajando.

A ti que legítimamente te preguntas ¿Por qué iniciamos un camino nuevo?

Jose ValdavidaTe decimos, primero, sólo conociendo nuestra historia, sin renunciar en un solo momento a ninguno de nuestros ideales, de nuestros principios de fe y de eclesialidad, puedes entender nuestro cambio de horizonte y de estilo. Nuestra decisión la tomamos desde el realismo más al día que, por exigencias del momento, tiene que ser de ventanas abiertas a mirar con la Iglesia al mañana. Sólo por fidelidad a la Iglesia que es fidelidad al encargo hecho oración de Jesucristo en su Última Cena de ponernos a construir – a rehacer, traducen los dos Papas – la comunión, que recibimos como don bautismal y que es al mismo tiempo tarea pastoral, nos ponemos en búsqueda confiada de las nuevas maneras de vivir la fe desde nuestras comunidades sacramentales. Ésa que ha sido la constante en esa historia conjunta de pertenecer a la Iglesia, hoy no tiene como problema ser “sin fronteras”. Hoy tiene el gran reto, el desafío de ser creyente a la vez en Jesucristo y en su Iglesia, en esta Iglesia, con cuya orden nos ponemos a buscar y cuya luz vamos  a tomar en mano en este trabajo, al que estamos dando inicio con esta página.

Así de sencillo y claro. Llegamos a la apuesta actual, por  seguir la orientación de los Papas. Es una cuestión de fidelidad. Sólo ésa es la razón.