LAS ALERTAS MISIONERAS DEL PAPA FRANCISCO

Los titulares en mayúsculas son textos del mismo. Los textos entre comillas son de su Exhortación “La alegría de evangelizar”; en este caso se indica el número de la Exhortación. Aparecen textos de otros autores, si son citados por él.

 

  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR EL ENTUSIASMO MISIONERO! (80)
  • “Se puede advertir en agentes pastorales, en personas consagradas, una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas (pastorales) como un mero apéndice de la vida… la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio, pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora. Así, pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor.” (78)
  • “La cultura mediática y algunos ambientes intelectuales a veces transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia, y un cierto desencanto. Como consecuencia… agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones. (79)
  • “Aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión” (80)

 

  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR LA ALEGRÍA EVANGELIZADORA! (83)
  • “No a la acedia egoísta” (81)
  • “Muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre… algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal” (81)
  • “El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen.” (82)
  • ‘El gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia, en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad’ (J. Ratzinger) (83)
  • “Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como ‘el más preciado de los elixires del demonio’”. (Bernanos. Diario de un cura de pueblo) (83)
  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR LA ESPERANZA! (86)
  • “No al pesimismo estéril” (84).
  • “La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo –y los de la Iglesia– no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer.” (84)
  • “Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. (85)
  • “Es cierto que en algunos lugares se produjo una ‘desertificación’ espiritual, fruto del proyecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas. Allí ‘el mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra sobreexplotada, que se convierte en arena’. [J. H. Newman)] Pero ‘precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza’. [Benedicto XVI] En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva”. (86)
  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR LA COMUNIDAD! (92)
  • “Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo” (87)
  • “Hoy, que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, mezclarnos, encontrarnos, tomarnos de los brazos, apoyarnos, participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación. De este modo, las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo, para unirse a otros, hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos”. (87)
  • “Precisamente en esta época, y también allí donde son un ‘pequeño rebaño’ (Lc 12,32), los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. [Sínodo – La nueva evangelización para la transmisión de la fe]” (92)
  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR EL EVANGELIO! (97)
  • “No a la mundanidad espiritual”. (93).
  • Mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal.” (93)
  • “Se alimenta la vanagloria de quienes se conforman con tener algún poder y prefieren ser generales de ejércitos derrotados antes que simples soldados de un escuadrón que sigue luchando. ¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! (96)
  • “Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses…, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. (97)
  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR EL IDEAL DEL AMOR FRATERNO! (101)
  • “No a la guerra entre nosotros” (98)
  • “Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (100)
  • “Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12,21). Y también: «¡No nos cansemos de hacer el bien!» (Ga 6,9). Al menos digamos al Señor: «Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella». Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy!” (101)
  1. ¡NO NOS DEJEMOS ROBAR LA FUERZA MISIONERA! (109)
  • “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. (109)
  • Cita estos “desafíos eclesiales” (102)
  • “Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia… la toma de conciencia de esta responsabilidad laical, que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes… La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante.” (102)
  • El aporte de la mujer en la sociedad, con sensibilidad, intuición y capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones… todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia… garantizar la presencia de las mujeres también en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, en la Iglesia como en las estructuras sociales. (103) …los legítimos derechos de las mujeres, con la convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad… El sacerdocio reservado a los varones es una cuestión que no se pone en discusión… (no) identificar la potestad sacramental con el poder … la potestad sacerdotal’ está ‘en el ámbito de la función, no de la dignidad, ni de la santidad’. [Juan Pablo II]… las funciones ‘no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros’. De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos… Un gran desafío … ayudar a reconocer lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia.” (104)
  • “La pastoral juvenil, como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales.” (105) “Aunque no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se creció en dos aspectos: la conciencia de que toda la comunidad los evangeliza y educa, y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor. (106)
  • “En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Con frecuencia se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo.” (107)
  • “Invito a las comunidades a completar estas perspectivas a partir de la conciencia de sus desafíos propios y cercanos… que, cuando lo hagan, tengan en cuenta que, cada vez que intentamos leer en la realidad actual los signos de los tiempos, es conveniente escuchar a los jóvenes y a los ancianos. Ambos son la esperanza de los pueblo” (108)