¡COMUNION! ¡COMUNION! ¡COMUNION!

Prólogo al Foro de Encuentros de Comunidades

buscadoras “San Juan Pablo II”

Escucho y rezo tu pregunta o tu calificación de la propuesta como “utopía”

Te remito a la presentación más detallada de la propuesta que la tienes en esta misma página web. La reflexión que vas a encontrar está pensada para responder a cuantos habéis seguido mostrando interés por la oferta. Lo hago agradeciendo a quienes habéis enviado preguntas, a quienes habéis pedido explicaciones más concretas.

Este prólogo, que incluyo a última hora, lo hago agradeciendo, de una forma especial, a quien, ante la intuición clara de la dificultad, que el solo hecho de plantearlo entraña, se pregunta “Si no es una utopía”.

Ante esta pregunta he hecho una pausa, consciente de que nos preparamos para la Solemnidad de Pentecostés. El evangelio proclamado anteayer, en la Eucaristía del domingo 6o de Pascua, me sirvió de referente. Por eso, me acerco al término “utopía” en su sentido académico más fiel. Utopía es la presentación de una idea, de un plan ideal muy bueno, pero al que se juzga como imposible de realizar.

Mi primera valoración, al pensar que alguien echa mano del concepto “utopía” es que reconoce méritos al planteamiento, aunque, al mismo tiempo, cierra posibilidades a su viabilidad.

Entenderás fácilmente que, si la cosa fuese mía, sería de agradecer la valoración en lo que tiene de positivo calificarlo como “utopía”. Lo que pasa es que, puesto a analizar y a calificar yo mismo la propuesta, le doy la calificación no sólo de buena, sino de óptima, y más, la califico coma necesaria en su realización, porque lo puedo hacer ya que la propuesta no es mía.

La propuesta la recibo con gozo, no exento de temor por mi debilidad, en el juego de fidelidad a las enseñanzas del Magisterio, las más recientes y más reiteradas de los últimos 50 años. Esto ya es un criterio que a mí también me deja fuera, como autor. La idea no es mía. Es del Magisterio reiterado de la Iglesia.

Perdón, que me estoy quedando corto. Entiendo la propuesta como una respuesta al encargo sagrado hecho oración del mismo Jesús, en Jn 17, 20-26. Si, antes de seguir adelante lo lees y lo recuerdas en su elemental y primer mensaje, entenderás mejor todo.

Entre la vida de comunión trinitaria – “como yo en ti y tú en mí” – y la vida que se puede comprobar – “que todos sean uno” – esa vida de comunión de amor, que se traduce en comunidad de amor, Él establece una relación tan estrecha que va a ser el distintivo de ser sus discípulos (Jn 13, 35). Y nos dice que esa relación tan estrecha tiene una fuerza, que nadie podíamos soñar: Es la justificación que Él necesita para poderla ofrecer a quien es “del mundo”, de modo que así pueda creer, porque ha visto a personas humanas amarse de una manera, que sólo es posible porque alguien tiene que hacer posible eso que supera las posibilidades de lo humano.

Para Jesús, lo que a los ojos humanos parece una utopía, se transforma en fuerza tan nueva que es aval para la fe en la Encarnación-Misión del Hijo de Dios, porque ahí está, se hace visible, se hace cercana la fuerza de Dios.

El texto denso de San Juan nos sitúa bastante más allá que ante la cuestión del ecumenismo. Nos lleva a la razón de ser de la Iglesia, que el Concilio sintetiza en su brevísima auto-definición: “la Iglesia es en Cristo como un sacramento o sea, señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (L. g 1). Es autodefinición, sí. Pero, leámosla como hay que leerla: “La Iglesia, o sea, nosotros reunidos en eklesía, somos en Cristo….” Porque esa auto-comprensión es, y debiera ser, pauta para toda acción pastoral que quiera seguir el camino marcado por los dos Papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI, y que los dos definen así: Para poder volver a evangelizar hoy, la condición es que se rehaga la trabazón cristiana de las comunidades, que existen en nuestros pueblos y ciudades. (“Los fieles cristianos laicos” 34 – “Siempre y en todo lugar” citando ese número)

Esta mañana, en la oración, me preguntaba a mí mismo: ¿No es que sin darme cuento yo estoy echando mano del concepto “utopía” sólo desde las fuerzas humanas, sin contar con la intervención de Dios, eclipsando yo a Dios? Porque, en ese caso ya no me veo como sacramento en Cristo. ¿No será que me estoy acercando a la dificultad que tiene en sí misma esa propuesta de Jesucristo, asumida por su Iglesia para este momento, y lo estoy haciendo queriendo yo vivir la Pascua sin la Pasión, sin lo que tiene de dureza, de fracaso humano, porque la otra postura me pide echar mano de mi fe en el Señor Espíritu Santo, que es “Señor y Dador de vida”?

      Porque de una cosa estoy seguro: Todo este tema no lo puedo ni siquiera citar, ni incluir en mi agenda, si no es a partir de un acto de fe.

Acabo este prólogo. Te invito a leer, y me encantaría que lo juzgases desde la fe, la explicación que tienes en esta misma página web con el título FORO DE ENCUENTROS DE COMUNIDADES BUSCADORAS “SAN JUAN PABLO II”

La valoración, lo que descubras, claro que me interesa conocerlo. Pero, siéntete libre.

Cordialmente. Valdavida

Foro de Encuentros de comunidades buscadoras

«San Juan Pablo II»

José Valdavida L.

Presentación

     Te puedo decir, sin falsas humildades, que la iniciativa no es mía, en el sentido de una propiedad intelectual. Sí es mía, en el sentido de la más plena aceptación de cuanto he recibido como gracia del Magisterio de la Iglesia, que me acerca de modo seguro a la revelación del amor de Dios, que es la clave en todo.

Cuantas ideas puedas descubrir, todas las he encontrado en las enseñanzas del Magisterio en lo que se refiere a la nueva evangelización – llevar la luz del evangelio a todas las novedades que nos rodean – en los cincuenta últimos años. Como una aportación muy digna de ser subrayada, dejo constancia de que esta doctrina viene acompañada de orientaciones para la nueva acción pastoral. Todo pertenece a la riqueza del Pueblo de Dios, y está al alcance de todos.

Comienza en el Concilio; pasa por Evangelii nuntiandi, del Beato Pablo VI; se ha enriquecido y concretado en años sucesivos de doctrina serena, sistemática, y con un acento en ese servicio pastoral sobre la Nueva Evangelización, que nos dejó San Juan Pablo II; todo recibió un impulso muy concreto, para pasar a la práctica, por parte de Benedicto XVI, y hoy cuenta con la cercana aplicación a la vida diaria, que busca Papa Francisco.

Me digo, y te digo, con serena seguridad: Tenemos doctrina. Tenemos orientaciones valiosas y concretas, para una pastoral nueva, que, sin duda, se necesita, y se necesita con urgencia.

Siempre que uso este término «urgencia» – que aparece sin recortes en el Magisterio – siempre me hago a mí mismo, y la suelo dejar por escrito, esta advertencia: Que «urgencia» no se traduce por nerviosismo, por soluciones improvisadas. Urgencia es nada más, y nada menos, que urgencia. Que el tiempo juega en contra. Que no sirve ofrecer soluciones «a precio de rebajas, por saldo». Que no podemos perder el tiempo, tarareando, como analgésico para nuestra pereza, aquello de «Caminante, no hay camino…» Porque… ¡sí hay camino!

Tres apoyos de la propuesta

La novedad de la propuesta que voy a describir se apoya en estos datos, cuya posesión serena – esa serenidad misionera y desinstaladora – es requisito previo.

 Primera. Que somos comunidad. Somos nacidos a la vida nueva en la comunión trinitaria, que cristaliza en comunidad. Aceptar ese regalo, esa iniciativa del amor de Dios es de todo punto necesario, para comenzar a plantear la novedad del impulso evangelizador, que es necesario.

Segunda. Ante la novedad de la situación que estamos viviendo a nivel global, tenemos un encargo muy claro: Continuar la misma misión que Dios Padre le encargó a su Hijo: “Reunir a los hijos de Dios, que estaban dispersos”. (Jn 11, 52)

Tercera. Que, para hacer posible esa continuidad en la misma misión de Jesús, somos nosotros, comunidad cristiana, quienes contamos con una ayuda única, que Dios nos ha preparado como regalo en el Espíritu para esta etapa de la plenitud de los tiempos: Contamos con la comunión eclesial, con la koinonía, que es fuerza, dinamismo trinitario actuando en nosotros y con nosotros con una fuerza testimonial impensada.

Estos requisitos son constantes en la doctrina y en la pastoral postconciliar. Se trata de poner en juego esa profunda relación dinámica entre nuestro ser y nuestra misión, que ambas tienen en común, como fuente y origen, o como meta y fruto, la comunión, la koinonía que es creadora de la comunidad, y que necesita de esa comunidad para seguir existiendo y actuando. (NMI 42)

El “por qué” de esta propuesta

Ofrecer, pedir, anunciar un Foro de Encuentros de comunidades buscadoras «San Juan Pablo II», tiene esta explicación:

Necesitamos foros, ámbitos de Encuentro

  • Decir «Encuentro» es hablar de espacio capaz de fortalecer la comunión en la doctrina; en la celebración de la fe; en el intercambio de proyectos para llevar la fe a la vida fuera de la propia comunidad; en la oración y en la fiesta. Todo ello producirá el normal y buscado enriquecimiento mutuo.
  • Decir «Encuentro», es hablar de un tiempo que se apoya en un «antes» comunitario, que el Encuentro lo necesita para poder ser encuentro en la comunión. Al hablar de “Encuentro de comunidades” pide que al Encuentro se llega desde un envío por la propia comunidad, pues la comunidad sólo puede participar en un encuentro mediante sus miembros.
  • Decir «Encuentro» no es constituir a ese tiempo en meta, en protagonista; es aceptarlo como instrumento, como herramienta al servicio de un «después», más en comunión y más evangelizador, realizado dentro la propia comunidad de origen, a la que serán enviados los participantes en el Encuentro.

Foros de Encuentros

  • donde se lleva la vida de cada comunidad de origen, se aprende de los procesos, de los intentos no logrados, de los nuevos comienzos, y se busca la vida nueva de nuevas comunidades evangelizadoras.
    • Porque… foros donde se hable de comunión…, tenemos muchos.
    • Porque… proyectos que hablen de líneas de acción…, hay tantos, cuantas instituciones.
    • El Foro de Encuentros, del que hablo, agradece a Dios por su Espíritu todo eso, y quiere dar un paso más.o El paso más nuevo es aceptar un Encuentro en el que todo está pensado a partir de este titular: «Así lo estamos haciendo».

Encuentro de comunidades sacramentales que son agentes

  • Que cada una acepta que ella es agente evangelizador.
  • Que envía a sus miembros al Encuentro.
  • Porque los prepara para estar activos, aportando su experiencia en la creación y en el funcionamiento de esa concreta comunidad de origen.
  • Agente, dispuesta a aprender de las otras comunidades que participen en el mismo Encuentro, cómo vamos mejorando las comunidades evangelizadoras.

Encuentro de comunidades buscadoras

  • Supone comunidades dispuestas a cambiar lo que haga falta, para ser respuesta a los retos de este momento. Lo que exige buscar.
  • Y nos exige también a todos cuidar mucho el dinamismo del tiempo del Encuentro, para ayudar a lograr que la comunidad cristiana de mañana sea comunidad que se acepta como evangelizadora de su realidad.

«San Juan Pablo II»

  • No es intento de usurpación monopolizadora de nada ni de nadie.
  • Lo que digo con esa referencia al que fue Profeta clarividente de los caminos de futuro de toda comunidad, es que la doctrina, los objetivos, la dinámica, todo está copiado de la doctrina clara y apremiante que el Papa, en Novo milenio ineunte nos ofreció como pauta para esta nueva etapa, y de los variados modelos de encuentros que Él marcó, aunque a veces no se sigan con fidelidad sus claras orientaciones.
    • Ya se han cumplido quince años de la firma de ese documento. (Solemnidad de la Epifanía, 2001) Quiera Dios que no nos pase lo que ha pasado con «Evangelii nuntiandi», el documento del Beato Pablo VI. Ahora – más de cuarenta años después – oímos elogios de un documento utilísimo para una tarea que ya era entonces urgente. Permitir esos olvidos no es bueno. El tiempo juega en contra, si queremos emprender una tarea evangelizadora seria.

Pasos que veo necesario dar

Esta demanda pastoral nueva pide que para comenzar a vivir y trabajar en coherencia con nuestro ser Iglesia de comunión necesitamos dar estos pasos:

1. Mirar con visión serena el dato de estar en un cambio de época

Partir, como requisito previo, de la aceptación de que estamos en un cambio de época. Que los cambios no son un producto más de usar y tirar; de esperar a que «vuelvan a cambiar». Que se está gestando una nueva cultura que será ya global, intercomunicada, y por lo mismo interdependiente. Que no todo lo nuevo es malo. Sí que todo es un reto, incómodo, si mi postura es de inmovilismo; o reto a la creatividad, si mi postura es de ser evangelizador de esa realidad.

2. Ser conscientes de estar llamados para una tarea grande

Quiero ser leal. A partir de aquí estoy pidiendo actualizar nuestra fe. De nada sirve seguir leyendo, si me olvido de que por     medio está Él, el Señor de la Historia, y que es verdad dicha por Jesús: “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo” (Jn 5, 17). Estoy hablando de la sacramentalidad toda de la Iglesia. (L. g. 1)

  • Agradecer que Jesucristo cuenta con nosotros y nos envía hoy a continuar en este nuevo marco cultural la misma misión que Él recibió del Padre. La dejó en nuestras manos el día de su Resurrección, (Jn 20, 21) y dio solemnidad a este envío el día de la Ascensión (Mt. 28 16-20 y paralelos). En esos dos envíos Él unió misión y donación del Espíritu. Porque lo que se nos ofrece es cooperar a una obra de amor: Reunir a los hijos de Dios dispersos, (Jn 11, 52). Eso requiere el Espíritu Santo, «el especialista» del Amor.
  • Para esta misión, que nos puede asustar, al sentirnos tan débiles, contamos con la ayuda de la Santa Trinidad hecha cercanía en la Palabra y en los Sacramentos. No estamos solos. Dios está con nosotros. Jesús nos lo recordó precisamente en ese envío solemne.

3. Aceptar que estamos llamados como congregados en comunidad

¡Pido tu atención de modo especial para dar este paso 3!

  • Aceptar que esa Palabra y esos Sacramentos nos congregan en comunidad de vida, que es regalo, donación, fuerza, luz que recibimos, y con la cual contamos siempre, para esa nueva creación de las comunidades de amor, que Él quiere, más, que Él necesita para que el mundo pueda creer.
    • No son bellas teorías. Hablamos y anunciamos una realidad: La donación recibida en el Bautismo. Ser comunidad de vida es gracia, es don, no es fruto de una ocurrencia, ni de un proyecto humano.
  • Dios cuenta con nosotros así, hechos comunión de amor vivido en comunidad.
  • Jesucristo nos necesita creyentes en Él, sin medias verdades; viviendo la vida nueva de comunión como regalo, como gracia, de manera que quien no conozca que el Hijo ha sido enviado por el amor del Padre, «para reunir a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11,52), lo descubra, al vernos a nosotros reunidos en comunidad de amor; y, al conocer que eso sólo lo hace la fuerza punitiva que nos da Jesús, puedan dar el paso, crean y se adhieran a Él en esa comunidad que Él ha creado. (Cfr Jn 17, 20-26)
  • Somos comunidad llamada y capacitada para ser agente en la tarea de evangelizar cuanto de nuevo existe a nuestro alrededor, en esta cultura cambiante en la que nos ha tocado vivir.
  • Así, la comunidad es evangelizadora desde su ser, antes y mucho más profundamente que por su hacer esto o aquello.
  • Este paso de admitir la comunidad como donación, como fuerza renovadora es vital en toda la propuesta. Recibimos no una idea, algo ajeno, un mandato desde fuera. La misión brota a la vez y por la fuerza de la vida nueva recibida en el Bautismo, acrecentada y actualizada en cada Eucaristía. (Cfr. Ad gentes, 5, 36)

4. Escuchamos la llamada con fe y con realismo, con los pies en la tierra

Este gran diseño del amor de Dios nos encuentra a muchos de nosotros, cristianos, con unas carencias graves:

  • Hay una falta de formación-maduración en nuestra vida de fe.
  • Hay una disociación entre fe y vida. La fe no influye en nuestra vida.
  • Nos falta aceptar la normal y vital pertenencia a la comunidad de vida nueva. “No se puede seguir a Jesucristo en solitario”. Esa nueva vida nos une vitalmente a la comunidad de los que siguen a Jesús, y lo hace posible con la fuerza punitiva del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
    • » Por el contrario, en nuestras comunidades seguimos ofreciendo «servicios religiosos a la carta», desde criterios    ajenos totalmente a la comunión, por parte de quien lo solicita; y sin que nosotros, como comunidad, enseñemos que sólo celebramos el sacramento desde la comunidad, porque une a la comunidad, porque así da al individuo la ayuda y el respaldo de Dios-en-la-comunidad.
  • Muchos cristianos, aunque a veces de modo inconsciente, contribuimos a ese «cierto eclipse de Dios», al permitir que ni su nombre se oiga, ni su presencia amorosa aparezca en nuestras relaciones sociales.

5. Aceptar el reto con las consecuencias que brotan de esa realidad

Este paso es de una coherencia elemental. ¿Por qué no lo damos?

  • Si aceptamos que hoy y aquí la continuidad de la misión de Jesucristo está en nuestras manos, como comunidad, la tarea primera e inaplazable ha de ser…   RE-HACER EN SU TRABAZÓN CRISTIANA LAS COMUNIDADES ECLESIALES QUE VIVIMOS EN ESTOS LUGARES.
  • Este paso está redactado con las ideas tan claras del Papa San Juan Pablo II, que después cita y hace suyas Benedicto XVI. Es fundamental pararnos y leer con la calma necesaria estas afirmaciones de los dos Papas:
    • «Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda…      Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones”. (Chfl 34 y Ubicumque et semper)

6. Analicemos y concretemos esta llamada

  • Está claro: Hay que poner manos a la obra para re-hacer nuestras comunidades.o  Hablan de las comunidades que viven en estos países.
    • O sea, de las nuestras, en pueblos, en ciudades, en los mismos ámbitos donde se está gestando y nace esa nueva     cultura, que prescinde de Dios.
  • La invitación es a todos los que somos comunidad en cualquiera de esos ámbitos concretos:
    • A mí y a ti, sacerdotes al servicio de la animación de la comunidad.
    • A ti y a ti, padres de familia, portadores de una oferta en libertad total, acompañada de esa fuerza única, que es el    amor y ternura a vuestros hijos.
    • A ti, religiosa y religioso, que has sabido descubrir la fuerza de tu bautismo, y has aceptado la nueva consagración hecha por Dios, para una entrega en totalidad a la obra misionera de Jesucristo en su Iglesia.
    • A ti, cristiano, hombre o mujer, miembro de nuestra comunidad por la fuerza del Bautismo actualizada y revitalizada en cada Eucaristía, desde  cualquiera de las muchas posibilidades que te son propias.
  • ¡Invitar a todos! Sin dar lugar a nuevas formas de clericalismo. Sin pedir más títulos que ese de la gracia gratuita e inicial por parte del amor de Dios.
    • Recordar: Para estas ofertas claras, contamos con instrumentos necesarios, diseñados desde la espiritualidad de la comunión, para la nueva acción misionera. (Ver NMI)

7. Y… ahora, la pregunta de siempre: Esto… ¿Cómo se hace?

La respuesta no es una evasiva, una huida hacia adelante, pero para llevarnos al «refugio de la fe». La respuesta es la única que puede serlo, de verdad. Ésta es la razón de ser, el objetivo o meta, y la dinámica que damos a cada encuentro:

  • El «cómo se hace» lo descubriremos juntos, guiados por el Señor Espíritu Santo, cuando echemos mano, de verdad, de esa realidad nueva que es la comunión eclesial. Por eso, ¡Encuentro!
  • Veo normal que, pidiendo siempre el acto de fe en el regalo primero, en la donación bautismal, los cristianos, sin más títulos, sólo con la partida de bautismo hecha vida en la comunión de nuestra comunidad, tengamos la posibilidad de ser agentes en Encuentros, con métodos y ritmos muy claros, diseñados para alcanzar el objetivo de hacernos unos a otros el regalo primero de la comunión: Cómo estamos viviendo, buscando, realizando, fallando, gozando y anunciando esta verdad de ser comunidad. Por eso, ¡Encuentro con su “antes” comunitario”
  • !Atrevernos a estrenar este recurso a la comunión, es participar en dar forma nueva y necesaria a la pastoral nueva, evangelizadora, que mira al futuro. Por eso, ¡Encuentro todo él mirando a la continuidad en mi comunidad!

           No invito sólo a compartir doctrina. La necesitamos. Seremos fieles a la que tenemos.

Lo que estoy proponiendo es un Foro de Encuentros de Comunidades Buscadoras, que, por deber de justicia, pongo bajo la protección de «San Juan Pablo II».

  • Pido que, desde micro-realizaciones pastorales, saquemos el partido más completo posible al «testamento pastoral» de San Juan Pablo II, que eso es Novo millennio ineunte.
  • Juntos, crearemos el mosaico de la comunión que está por hacer, o al menos está sin la necesaria actualización.

8. Eso, sólo eso, nada menos que eso, es la cita 9, 10 y 11 de septiembre 2016.

Nos hemos dado cita de peregrinos junto a Ella, que es «Virgen del Camino».

Contamos con la fuerza unitiva de la Santa Trinidad, que existe y actúa en nuestras parroquias. No pedimos nuevos títulos.   ¡Apostemos por esa fuerza!

Invitamos a la comunidad, que es tu parroquia, a ser peregrina de la comunión, y participar en el Foro de Encuentros de Comunidades Buscadoras «San Juan Pablo II».

Esta primera edición “septiembre-2016”, en marco oración, con la luz de una reflexión seria y concreta, busca marcar la forma y manera de ofrecer esos ámbitos de comunión a nuestras comunidades que se plantean en serio ser agentes en la necesaria evangelización de lo nuevo.

Si esta oferta te interesa, los que estamos trabajando para que este Encuentro sea posible, te decimos que agradecemos toda cooperación, tu presencia en esos tres días, porque tú y nosotros somos necesarios, y capaces como creyentes, para compartir la búsqueda de nuevas soluciones, que han de ser comunitarias, muy concretas.

También agradecemos la crítica. De una cosa estamos seguros:

     Que el futuro va por ahí. Dios nos necesita viviendo la comunión.

Esta invitación te llega desde este pequeño – muy pequeño – Santuario, que venera a la que salió aprisa a inaugurar la peregrinación por los montes de la historia de su Hijo, el Verbo eterno de Dios hecho carne.

A nosotros nos ha dado la gracia de ser peregrinos… ¡en este momento!

Que Ella nos ayude.

Santuario Virgen de la Vega
Novena de preparación para Pentecostés – 2016